Me gusta correr, todo lo anodino e insulso desaparece, solo estás tú, tus piernas, tu respiración. tu voluntad, y a veces dolor.
He corrido hasta el fin del mundo, o esa ha sido mi impresión, cuando recorría los 7 kilómetros que separan la villa de Sagres del Cabo San Vicente. Allí el viento lo domina todo, la vegetación permanece agachada, pegada al suelo, intentando no molestar mucho a la bestia.
El aroma de las Sabinas es sobrio y a la vez dulce, muy potente, se cuela en tu nariz quieras o no. El viento te vuelve loca la cabeza, parece que soplase de todos sitios a la vez. El cielo es mucho mas grande que en cualquier otro lugar.